La vida es...

La vida es un regalo divino, no un préstamo humano.

sábado, 4 de junio de 2011

Introspección de la rabia (9 de Marzo de 2011)

Me doy ahora a la labor de analizar el otro lado de la rabia ¿Qué hay después de un ataque violento, de lo que comúnmente se conoce como “ataque de rabia” ?  Definitivamente que un ataque de rabia no puede ser analizado mientras ocurre, sino después (pero antes del próximo episodio).  Entendiendo por “rabia” nada similar a la hidrofobia o cualquier otra condición clínica similar, sino a la alteración negativa y violenta del estado anímico de una persona.  La “rabia” constituye una real pérdida de tiempo, una descarga de energía emotiva acumulada o generada al momento. Cosa muy distinta al hecho de dejarse pisotear por otros, o por determinada situación.  Definitivamente hay que manifestarse, lo cual no implica tener que explotar en un ataque de rabia, berrinche o histeria en el mejor de los casos.  En el peor estaríamos hablando de una manifestación violenta de alto calibre, que implicara lesiones corporales o muerte (Si se fijan, cada vez hay más rabia y menos respeto a la vida)
Primero he de reconocer mi culpa como ser “rabioso”  Andar chocando por allí con todo y contra todo, es algo que en lo personal me ha desgastado demasiado.  Una demostración excesiva de fortaleza, poder e imposición (no física, sino a través del insistente intento de convertir a los demás mental o espiritualmente) es algo que ha consumido mis energías enormemente, y como bien lo diría alguien… yo ya estoy demasiado viejo para tirármela de “eso”… bravucón temerario.  Siempre hay alguien más “bravo” o “rabioso” que uno, siempre hay alguien más inteligente o bruto, simpático o feo, siempre habrá alguien que lo haga mejor o peor.  El asunto aquí no es “ser el más o el mayor en todo momento” sino que cada quien “sea a su tiempo lo que le toca ser” (favor no confundir el libre albedrío con el libertinaje) por eso, en estos últimos escritos sólo me limito a expresar mi opinión, digamos, sin tanta efervescencia (¿Rabia?) y evitando ciertos temas tan cíclicos como improductivos Evito discutir los síntomas, para enfocarme en la causa: El hombre.  Léase, no se trata de curar sino de dejar de hacer lo que nos mantiene enfermos.  Porque hemos elegido vivir enfermos, haciendo y asumiendo actitudes enfermas.  Luego, no hay que curar sino DEJAR DE HACER.  Atentar contra el libre albedrío de las personas física, mental o espiritualmente es algo que resta más de lo que suma al individuo, espiritual, mental o físicamente.  
¿Qué hay detrás de la rabia?...dolor, mucho dolor, resentimiento, sensación de pérdida, duelo etc.  Yo diría que el rabioso es una persona que no está clara con el panorama emocional que le exige la vida.  Un ser que no ha terminado de identificar lo que le ocasiona dolor, y que eventualmente termina “explotando” en un ataque mal habido y violento.  El rabioso es una persona que no ha aprendido a lidiar con el dolor, y puede que tal vez sea muy torpe manejando cualquier otro tipo de emoción.  También considero que estos ataques pueden darse como una respuesta exagerada al temor.  Como si el recuerdo de alguna manifestación dolorosa, generara tal temor en el individuo, que sumado a su incapacidad en el manejo emotivo, terminara traduciéndose a corto o mediano plazo en un “ataque de rabia”.  Es decir, el reflejo exagerado de algún mecanismo de defensa primitivo.  El rabioso es una persona cuyo umbral de tolerancia es muy limitado, tal vez por la crianza que recibió, sometido a niveles altos de exigencia.  No sé, no soy psicólogo ni siquiatra, recuerdo que estas son sólo especulaciones mías, sin fundamento científico de ningún tipo.   Inclusive, la rabia puede constituir un mecanismo de escape al no poder lidiar con diversas situaciones que comprometen su poca capacidad de mediación y su torpe manejo emocional.  Diría yo que las personas más proclives a estancarse en el pasado (a quienes se les dificulta olvidar un evento de cierto grado de crudeza) y/o que viven atemorizados hacia el futuro, son más propensas a “explotar de la rabia”.  No disfrutan del presente, porque no han aprendido a mediar consigo mismos, con los demás y con las circunstancias.  Luchan por cambiar  todo a su alrededor, viven en constante estado de guerra con el mundo, y luego se dan golpes en el pecho diciendo que “no son mediocres” que son luchadores, líderes o batalladores.  Cuando en el fondo sólo son una especie de niñas y niños traumatizados, dolidos y en busca de aprobación.
¿Qué hay detrás de la rabia? Pues yo lo resumo como temor, inseguridad y dolor.  Detrás de las explosiones de rabia recurrentes, puede existir un individuo sumamente lastimado por la vida, inseguro,  y que inconscientemente continúa infringiendo dolor a sí mismo y a los demás.  Repitiendo malos patrones heredados (de los cuales aún de adulto no ha podido liberarse) hacia su propia descendencia. Utilizando la ira como mecanismo de fuga o compensación a su inseguridad (temor) y  torpeza emocional.   En todo esto juega un tremendo papel la sociedad irreal (de falsas expectativas cohabitando con el capitalismo salvaje) en la que vivimos.  Sociedad que condena al individuo que se sale del molde, y peor aún, una sociedad que condena y ridiculiza al individuo que se equivoca.  Una sociedad que nos induce a hacer todo lo que los demás hacen (para reducir el riesgo de “pérdida” en la productividad) y a concebir el “éxito” como una marca de ropa o de perfume, un título académico,  un cargo laboral, o un estatus de vida.  Una sociedad que NO nos motiva a indagar dentro de nosotros mismos, exorcizándonos de culpas y demonios impuestos por uno mismo, por el peso del propio árbol genealógico, o por los modelos que salen de nuestro “simple” televisor (3D, plano, enorme, de alta definición etc.)  Una sociedad que no da tiempo para reconocer, ni corregir errores, pero que siempre está dispuesta a castigarlos severamente alardeando aleccionamientos públicos.    Así nadie se atreverá a crear caminos nuevos, ni mucho menos a equivocarse caminando los viejos.  Este tipo de sociedad genera individuos de masa, que siempre recorrerán el mismo camino, apenas tratando de hacerlo en el menor tiempo posible, sin errores de ningún tipo, buscando la perfección en un único sentido, a si sea dando infinidad de vueltas en el mismo círculo, mutilándose a sí mismos y a los que le rodean.  Si tuviéramos una sociedad más introspectiva, analítica de sus propios errores, un poco más comprensiva y formativa (sin aupar la mediocridad) es decir, si tuviéramos una sociedad más real, más humana, tal vez tuviéramos menos gente “intolerante”, rabiosa, violenta, adicta, deprimida, ansiosa o fármaco-dependiente.
¿Qué hay delante de la rabia?  O mejor dicho ¿Qué queda después del ataque de rabia?  Pues, lo mismo que la generó: Mucho DOLOR en cualquiera de sus formas.  Dolor para quien la generó y dolor para quien la recibió.  Hay individuos que se vuelven adictos a estos estados de ánimo, creando alguna forma de autosatisfacción de muy bajo nivel.  Y cuando digo individuos, me estoy refiriendo a hombres y mujeres en general.  Ahora bien, dista mucho “explotar en un ataque de rabia” que “manifestarse en la exigencia de nuestros derechos”  Los ataques de rabia casi siempre generan nada productivo, dejando un tremendo saldo de pérdidas físicas, emocionales o mentales, que por lo general, en lugar de resolver el problema se agregan a él.  ¿Puede uno vivir así?... pues, lo digo por experiencia propia, DUELE.  Al final de cuentas, la pérdida es mayor que la ganancia, los problemas no se resuelven, se daña uno y daña al resto.  Es una auténtica victoria pírrica, pero crea adicción (por el ya mencionado ciclo de refuerzo rabioso-daño vs daño-rabioso)  Me decidí a escribir sobre este tema porque se está volviendo pandémico.  Parece una cosa sencilla, pero no sé por qué tengo la impresión de que hay MUCHAS personas escogiendo el camino equivocado, es decir, en lugar de manifestarse y mediar, se la aguantan callados (como ya anteriormente he escrito en otros tantos artículos) o explotan dolorosa e improductivamente.   
¿Pero cómo dejar de hacerlo? ¿Cómo dejar de aguantarse cosas, sin tener que explotar violentamente? ¿Cómo evitar esos sobresaltos de naturaleza tan emotiva como retorcida (que retuercen al portador)?  Aunque parezca una estupidez, y que una cosa no guarde relación con la otra, diría yo que siendo más tolerantes para con uno mismo y para con los demás.  Algo muy similar a lo que dijo Cristo para con el golpe en la mejilla, o Sócrates sobre la cadena de injusticias.  Desarrollar con maña y paciencia, una disciplina de aprender de nuestros errores, sin tener que odiarnos por ellos.  Ser honestos con uno mismo, con nuestras emociones, reconocer el temor y el dolor a tiempo, saber qué lo genera y aprender a tratarlo.  No desarrollar una conducta de sometimiento sino de mediación, de canalización sana.  Aprender de nosotros mismos, dejar de culpar tanto al resto, tenernos mucha paciencia y tenerle mucha paciencia al resto de las personas.  Entender que los sentimientos son parte real, activa y preponderante de la vida, que ignorarlos nos lleva a conductas violentas, improductivas, a la depresión, ansiedad, desesperanza, desesperación o a cualquier forma de vicio.  Estar conscientes de nosotros mismos, del Creador y la Creación, nos va quitando el dolor y el temor de encima. Vivir a un tiempo, el presente, con el justo recuerdo del pasado (para aprender, no para atarse a él) y la proyección necesaria hacia el futuro (sin alimentar temores con fantasías o pesadillas ajenas o propias)  Un poco de honestidad y entendimiento del hombre para consigo mismo, algo de saber perdonar, un poco de ubicación en tiempo (presente) y espacio, y MUCHA paciencia,  tal vez nos ayude  a vivir con más calma, sin tener que someternos, sin tener que someter, sin tener que “explotar de la rabia”

Los caminos seguros del razonamiento (1 de Marzo de 2011)

¿Hasta qué punto el conocimiento, en lugar de liberar esclaviza?  Una persona me enseñó hace muchos años que el hombre ignorante era presa de su propio miedo, miedo a lo desconocido (creaba dioses o mitos sobre todo lo que no podía entender)  Era preciso “saber” entender, para luego ser libre.  Es definitivo que existen ciertos conocimientos que demandan algún tipo de responsabilidad, que ata al conocedor a sí mismos, irremediablemente.  Tal es el costo de “abrir los ojos”, pero no me refiero a ese caso, no en este escrito.  El tema que me atañe hoy es mucho más sencillo.  Replanteo el caso con el siguiente cuestionamiento ¿Hasta qué punto algo puede ser considerado mediocridad (no querer aprender más) y hasta qué punto puede considerarse satisfacción personal (no me interesa conocer de aquello, porque poseo algo mejor)? ¿O, hasta que punto saber más se convierte en un mecanismo de tener más (reconocimiento, dinero o poder)?  Pienso que la respuesta es bastante obvia, cuando el conocimiento se traduce en desarrollo personal, jamás debemos darnos por satisfechos y siempre será bueno.  ¿Qué es desarrollo personal? digo yo que “desarrollo personal” es la evolución del individuo como persona; todo lo que sea sano para el individuo, no así para su carnalidad, ego o concupiscencia.  Lo que ocurre es que uno confunde los conceptos, y generalmente confundimos lo que somos con lo que sentimos, o queremos sentir, o pensamos.  Desde luego, nadie quiere sentirse mal, y desequilibramos la ecuación, deseando cada vez estar más cómodos con nuestras sensaciones, con nuestra sensualidad, con nuestra carnalidad, o con nuestra mente.  Es como irse al otro lado de la balanza y querer vivir montado en un extremo, retando al equilibrio natural de las cosas, y a las fuerzas que lo mantienen.  Es decir, el conocimiento ahora se ha vuelto la herramienta más útil para mantener al ser humano cómodo, cómodo en lo carnal, en lo emocional, en lo mental, en su concupiscencia.  Estamos frente a un conocimiento que crea humanos adictos a sí mismos, a su comodidad, y me parece que ese tipo de conocimiento estanca, esclaviza.
                No sé si esté en lo correcto, pero la diversidad hace que el hombre piense, pero le cuesta “adaptación”.  Contrastarlo contra múltiples versiones de cosas diferentes, nos obliga a utilizar el cerebro en la plenitud de su naturaleza caótica.  Sí, la naturaleza del cerebro humano es perfectamente caótica, de hecho porque vivimos en un mundo caótico.  La magia reside en unificar, descubrir el orden, rehacer el orden; así ha sido hecho el humano a imagen y semejanza divina, en su capacidad de crear, crear el orden del caos, o el caos del orden.  Lo que sí no podemos hacer, y eso sólo lo hace Dios, es crear el caos, el orden, o algo de la nada absoluta.  Por ejemplo, cada ser humano debería poder ver dos veces la misma cosa al mismo tiempo, porque tenemos dos ojos, sin embargo vemos una sola cada vez.  El cerebro unifica ambas imágenes y saca una sola; pero si perdemos un ojo no quedamos ciegos, sencillamente vemos por el otro (aunque perdamos perspectiva, profundidad)  Así funciona el cerebro, así funciona la naturaleza caótica del cerebro, que utilizamos desde que nacemos, en los procesos más primitivos ligados a la supervivencia, el cerebro (y los demás centros nerviosos asociados) establecen un orden de procesos fisiológicos, biológicos que finalmente denominamos “vida”.  Cada vez que despertamos, abrimos los ojos, estamos reconociéndonos como una especie de “suborden” dentro de un orden mayor, que, para muchos podrá conocerse como caos eventualmente hablando.  Yo no soy biólogo ni físico,  y pido mis disculpas a todos ustedes si me paso de ignorante al respecto.  Si no hay diversidad, si la linealidad nos impide pensar en diversas direcciones, pues estaremos viajando en contracorriente al verdadero conocimiento y a favor de la ignorancia. Allí nace la verdadera mediocridad, la que no permite que el humano se desarrolle (por cuestión de ego o comodidad) en función del contraste, en comunión con la diversidad, apreciando a la creación y al Creador.
Los modelos educacionales actuales, más que educar proponen formas de entrenamiento.  La educación lleva al sujeto a desarrollar métodos nuevos montándolo en el conocimiento, el entrenamiento encierra al sujeto en un método único limitando su conocimiento, supeditándolo al objeto en aprendizaje.  Es decir, muere el objeto, muere el aprendizaje, muere el maestro, muere el discípulo (en sentido figurado)    Tal es el riesgo de “mecanizar” la educación repitiendo las mismas clases, los mismos ejercicios, que a su vez son extraídos de los mismos libros, sin darle oportunidad al individuo de que se equivoque,  descartando la posibilidad de crear algo nuevo. Sobreestimando al éxito muy por encima del fracaso.  Tal es un punto ciego de la sociedad actual, idealizar al éxito, denigrando al fracaso.  No se enseña a las personas a lidiar con los fracasos, ni a sacar provecho de los mismos. ¿Cómo hacerlo, si no se le da importancia al fracaso ni al fracasado? Creamos personas huecas, débiles, no fortalecidas, ni en capacidad de fortalecerse ante la derrota.  El éxito y el fracaso son dos caras de la misma moneda, y son dos procesos naturales del aprendizaje, sin embargo, nuestras instituciones actuales quieren formar individuos desproporcionados, que sólo aspiran y viven del éxito.  Considerando al ser humano imperfecto, desde una óptica real de la naturaleza humana, no podemos enfocarlos exclusivamente al éxito, sino enseñarle a lidiar con el fracaso de igual forma.  Eso es crear falsas expectativas, ilusiones, contribuir al aceleramiento personal, al desenfreno individual que ha hecho que esta humanidad se vuelque a las drogas (en cualquiera de sus formas) a la violencia (en cualquiera de sus formas) y a la desesperanza (en cualquiera de sus formas)   He visto maestros glorificar “el apego a un método prescrito”, más que apreciar la creación de nuevos métodos que conduzcan al mismo o a mejores resultados.  ¿Por qué?, porque esto ofende al ego del instructor, del  supuesto maestro y de los supuestos maestros del supuesto maestro, aceptar como un hecho la posibilidad de que uno o varios de sus discípulos los superen, superen o reinventen métodos diferentes a los suyos o a los de sus maestros (¿Serán estos, maestros de verdad?)  Pero es mejor, es más fácil y más práctico no reinventar la rueda, sino partir de ruedas ya creadas para inventar otras cosas.  Este es un argumento que yo defendí durante mucho tiempo, pero que ahora reconozco como una de las peores falacias de la educación moderna.  Para el crecimiento acelerado, el capitalismo salvaje, y la psicosis de productividad actual, claro que es mejor no reinventar la rueda, tenemos que producir humanos entrenados rápidamente, para que pasen a ser parte de mi gran masa productiva, aunque tal vez dicha productividad no redunde en beneficio de ellos mismos (ni en salario, ni en descanso)  Está bien, no reinventemos la rueda, pero… ¿Hasta qué punto vamos a seguir creando modelos de educación enlatada?  ¿Será bueno que nuestros niños sepan llegar al último nivel del más reciente video juego, antes que aprendan a amarrarse bien los cordones? Hay que educar a las personas, no entrenarlas.
Ir por los caminos seguros del razonamiento genera una forma de pensamiento cómodo, que es el verdadero causante del estancamiento humano.  Esta forma, definitivamente se basa en un estado natural de la materia, el estado de reposo.  No digo que sea totalmente malo, lo que digo es que sumirse en él, es definitivamente malo.  Hacia allá nos dirigen, hacia el mínimo grado de esfuerzo físico, mental, emocional o espiritual.  Esta forma de conocimiento insano, que replican varias escuelas a lo largo de la vida humana (personal y profesionalmente hablando) de pensar en un solo sentido y abolir todo lo que suene diferente, es la escuela que ha mantenido a la humanidad creciendo hacia la autodestrucción, ya sea a manos de la violencia o a manos de la inactividad.  No aceptar el riesgo, no tener la madurez necesaria para asumir errores, el temor infantil a la burla, el terror al descrédito social nos hace ir por donde alguien más fue, alguien de “mayor peso”.  ¿Qué le ocurre al ser humano mentalmente, en un estado así?  Es como los parientes que se casan entre ellos mismos, ideas que coexisten con otras muy semejantes, pues tarde o temprano, generan una mutación indeseable que atenta contra su propia evolución, contra su propio desarrollo (pensamiento involutivo)  Ante un punto así, la ley evolutiva (la que fuerza a todo a moverse) crea situaciones que obligan al ser humano a “abrir su mentalidad”  generando nuevos modelos de pensamiento.  Dicha contraposición  casi siempre es contra supervivencia, es decir, los caminos seguros del razonamiento nos dirigen a un colapso racional existencial, del cual, para librarnos, vamos a tener que ser excesivamente creativos, o perecer.
Dicho de otra forma, ya concretizando el concepto, el humano que estudia para tener varios títulos y ejercer una profesión que le remunere bastante bien (ignorando todo aquello del gusto y la vocación) puede no estar en un mal camino, depende de cómo utilice el fruto de su esfuerzo intelectual.  El exceso de ganancias económicas, casi siempre nos lleva a vivir “con más y mayores comodidades”.   Consentirse de vez en cuando no es algo malo, el problema ocurre cuando este asunto de “consentirse” se vuelve en una obsesión creando cierta dependencia (vicio)  Si hay algo interno que nos molesta, por más ropa que nos echemos encima, no vamos a poder taparlo.  Conseguiremos evadirnos, pero jamás solucionar el problema.  Ese es el punto en el que está sumida la humanidad, que ha generado y sigue generando su propio tormento.  Vivimos para estar cómodos y estamos cómodos para poder vivir.  Los caminos seguros del razonamiento impiden que nos relacionemos con personas de pensamiento opuesto o distinto, porque atenta contra nuestra comodidad intelectual-emocional, y automáticamente se identifica a la persona o a su idea como un riesgo de supervivencia (falso temor) e inclusive surge el asunto del descrédito social (presión de grupo a nivel adulto)  Así vivimos, dentro de un área de comodidad tremenda, que no constituye mayor reto.  Nos hacemos esclavos de nosotros mismos y sufrimos por ello, y vivimos para someter y ser sometidos, y pensamos como seres sometidos e ignorantes, como esclavos ignorantes.  Si mis títulos me han llevado a tener dinero, y el dinero me crea dependencia a la infinidad de bienes materiales que poseo, aún teniendo que aguantar situaciones excesivamente denigrantes en mi vida profesional o personal, pues, mi conocimiento no es un conocimiento que libera, sino un conocimiento de esclavitud, aquel conocimiento que me esclaviza al resto a través de mí mismo. ¿La solución?... ¡Renunciar! Pero no renunciar por renunciar (por huir, por no discutir, por no polemizar) sino renunciar a uno mismo en función del resto existente, de la creación y del creador.  De eso hablaré en otro escrito.
 

Apego, lucha, resignación y seguir (25 de Enero de 2010)

Me causa un poco de dolor y consternación, tener que escribir sobre este tema.  Lo digo porque, de hecho me cuesta no sólo hablar, sino actuar al respecto.  Casi siempre trato de escribir como pienso y siento, pero a veces es difícil, sobre todo cuando son temas que me comprometen tanto y aún más allá de la mera especulación teórica.  No nací siendo de ese modo, pero la vida me ha impuesto esta clase de norma inmediata… de tener que sustentar cada cosa que digo, más aún aquellas que nacen al reverso de mi consciente, es decir, sobre el arraigo de mi propio individuo. Sí, la vida me cobra de una vez, cada cosa que digo y hago, por eso temo hablar de algunos temas.  Pero, por otra parte, igual tengo que hacerlo.  No así le temo tanto al hombre, sino al destino, a Dios.  Así que, inicio este escrito poniendo en SUS manos cada cosa que diga, dejando en sus manos la vida mía y de mis seres queridos.
Hay que entender que nada en la vida del humano le pertenece, mucho menos la vida y el devenir de sus seres queridos, no queridos, e inclusive, iniciando con su propia vida.  Esto va, desde tener que soportar una enfermedad terminal, la muerte de un ser querido, el libre albedrío, la libertad de expresión, la libertad de ser, la libertad de escoger e inclusive la diversidad del planeta.  La mayoría de los problemas del ser humano salen de una u otra forma, en negarse a los hechos y tener que vivir.  Digo, por ejemplo, el hecho de que vamos a morir, es algo innegable.  En varios aspectos de la vida humana, eventualmente sería más fácil saltar a un vacío que vivir sabiendo que vamos a morir, y tener que aceptar la misma muerte como un proceso totalmente natural.  Aceptar la muerte propia, la posibilidad y certeza de tener que morir en un momento dado u otro, es una realidad tan natural como aplastante para todos los que nos llamamos seres vivientes. ¿Qué hacemos para sobrellevar esta realidad, que visto desde ese punto, puede resultarnos tan nociva como precozmente letal? Pues, vivir cada día como si fuéramos a vivir eternamente.  Pero esto no cambia los hechos, parafraseando al  autor, por decirlo de una forma: “La insoportable levedad de la finitud” El ser humano no concibe la idea de terminar convirtiéndose en un cúmulo alimenticio para los humanos.  Esto se debe, más que nada, al apego material en que vivimos sumidos.  Y claro está, a todo aquel que niegue la existencia más allá de la sangre, los huesos y la carne.  Al que no, es otra historia…que no es tema de este escrito.  Luego, qué hace este individuo ante su desesperación, pues, inventar cosas, inclusive inventan religiones cuyas formas lo satisfagan, aún así, negando la real y verdadera individualidad, religiones y formas, e inclusive inventa dioses falsos que le prometan alguna forma de eternidad consciente e inconsciente.  Todo sea, por no tener que afrontar su propia espiritualidad, y el hecho de tener que morir en un momento determinado, soltar el cuerpo.  Esto es lo que algunos entendidos llaman APEGO.
Y el humano se apega a todo, TODO.  Pienso que el verdadero sentido de la vida, es precisamente, no desarrollar apego.  Digo, ¿Cómo desarrollar apego, cuando efectivamente se entiende que todo lo que tenemos NO ES NUESTRO.  Es, totalmente prestado?  Y con lo de ser prestado, también viene el asunto de ser igualmente pasajero, de la propia vida en adelante.  El apego, básicamente es un anclaje, algo que nos impide fluir, seguir, vivir, avanzar.  El apego a las cosas buenas, o malas, sin caer en la eterna discusión de qué es lo bueno y qué es lo malo, dado que, apartando lo que vaya en contra a la supervivencia humana, y la libertad del ser, el concepto “bueno o malo” es totalmente subjetivo y meramente circunstancial, viéndolo en la óptica real de los acontecimientos.  El apego a nosotros mismos, nos hace resentir todo lo que otros nos hacen, dicen, sienten o piensan de uno mismo.  El apego nos hace volvernos payasos del resto, esclavo de nosotros mismos incluso.  El apego a nosotros mismos nos hace ser intolerantes, impositivos y posesivos, atentar contra el libre albedrío, la libertad de ser, pensar, sentir o decir, y finalmente nos hace atentar contra la vida misma, propia o ajena.  Es decir, si yo no estuviera tan apegado a mí mismo, el hecho de que otro diga que “no le agrado, o que soy estúpido o insuficiente” me resultaría irrelevante.  No es por sonar apático o conformista para con la vida, es simplemente reconocer que todo alrededor nuestro fluye, que nosotros debemos fluir con ese todo, y no así hacer que dicho todo fluya con nosotros, o como queremos que fluya.  Pero, ¿Cómo percibir lo que fluye alrededor nuestro, si en primera instancia estamos viendo sólo lo que nos afecta (pensado, dicho, sentido o hecho)? El individuo que piense demasiado en sí mismo, es incapaz de ver lo que pasa alrededor suyo, y eventualmente termina atentando contra su propio ser, porque desconoce lo que le rodea, cuestión que hasta cierto punto, puede ponerlo en peligro, a él, o a varias personas, dependiendo del nivel de autoridad que tenga dicho individuo.
Yo como padre de familia, no sólo tengo que velar por mi comodidad, sino por la comodidad de mi familia.   De lo contrario, no hubiera asumido el rol de tener familia.  De igual forma, un jefe de área debe no sólo velar por sí mismo, sino por todos los del área que representa.  Peor aún un mandatario, debe velar por todos los que viven en el país, buenos o malos, me afecten a bien o me afecten a mal.  Esto es innegable, ineludible e intrínseco al rol de ser  AUTORIDAD  ¿Pero cómo velar por el resto, si sólo velo por mí mismo, o lo que me afecta a bien o mal?  Y todo esto, es una variante racionalizada del apego, el apego a uno mismo, a nuestras debilidades y concupiscencia eventualmente.  Lo que sí no cambia por nada ni para nada, es la responsabilidad, según cada nivel de autoridad.  La responsabilidad de nuestros actos es algo tan universal y natural como la libertad de actuar, de cada individuo.  Aunque las leyes nos absuelvan, los dueños nos perdonen, la mujer no nos bote de la casa, el destino nos cobra a todos y cada uno de nosotros, la responsabilidad sobre toda y cada una de nuestras acciones.  De esa “purga”, de esa penitencia que nos pone el destino, frente a algo que hicimos o dejamos de hacer indebidamente, nace algo que rompe el apego a nosotros mismos, mediante el sufrimiento. Luego, para saber qué es LO DEBIDO en un momento u otro, es necesario estar consciente de lo que pasa alrededor de nosotros mismos, más allá de nuestro ombligo o la punta de nuestros zapatos, de lo contrario, el destino, por efecto de la responsabilidad de todos y cada uno de nuestros actos, nos hará verlo, rompiendo el desapego a nosotros mismos, con DOLOR. ¿Pero por qué dolor?  Tan sencillo es, como que cada cosa tiene un sitio adecuado en LO QUE ES, si esa cosa niega ocupar su sitio, o se sale de sitio, pues, algo hará que regrese a ser lo que debió haber sido inicialmente, que regrese a su sitio.  Es como quien diría, un problema de ubicación, el ser humano, frecuentemente no sabe dónde, ni cómo ubicarse.
Es sumamente importante que el individuo se ubique en tiempo y espacio para con lo que le rodea, deje de cegarse consigo mismo, aprenda a ver lo que/los que le rodea/n, y luego aprenda a fluir según (y con) lo que le rodea.  Esto no impedirá el sufrimiento, el sufrimiento seguirá estando a medida que no hagamos lo que tengamos que hacer, y/o se corrija lo que hicimos.  Dios es básicamente lo que fluye, y nosotros tenemos que aprender a fluir según Él mismo, no según nosotros.  Y Dios no está en lo que diga alguien, DIOS ESTÁ EN TODOS LADOS.  Lo único es que hay que aprender a reconocerlo en todas partes (no a entenderlo) sólo reconocerlo en las lágrimas propias, en el sufrimiento ajeno, en el amor a la vida propia, y en el respeto a la ajena.  Me parece que es hora de que la humanidad aprenda, encare el hecho de que Dios a veces no es lo que queremos que sea, porque, sin invertir el orden jerárquico aquí, Él debe ir/ser primero, y de hecho así es, de allí tanto dolor (no podemos ir en su contra, aunque el entendimiento propio resulte insuficiente)  Es un proceso de madurez, sumamente doloroso a veces, tener que aceptar SU existencia, y nuestra única y real dependencia, la única que debe existir, es la dependencia a Dios, apego a Dios.  Las cosas no van a cambiar porque nosotros no queramos aceptarlas, el mundo no va a cambiar porque nosotros no lo queramos como es, Dios no va dejar de existir aunque la humanidad lo niegue, en caso tal, primero dejaría de existir la humanidad misma.  Ese es el punto, un asunto de supervivencia humana, tener que abrir los ojos, saber que somos parte de un TODO, y reconocer humildemente que el Todo no somos nosotros.  Aceptar los hechos como vengan y pedirle a Dios que nos ayude entender lo que va pasando, solicitar que se cambien (si es debido), cambiar lo que podamos cambiar,  y pasar junto a lo que va pasando.   
 

La rueda del hámster (27 de Enero de 2011)

¿Será que a veces nos sentimos como el hámster, corriendo en la rueda? ¿Qué pasa, Panamá?  Los gobiernos son emanaciones de sus pueblos, pueblos malos dan malos gobiernos, malos gobiernos alimentan pueblos malos, es un ciclo, la rueda del hámster.  Cada cinco años vamos a un fraude democrático que llamamos “elecciones” eligiendo el mal menor.  Cada gobierno que sube reta a su antecesor en incapacidad, y, para tristeza del pueblo, siempre termina superándolo. ¿Por qué? ¿Será porque estamos generando malas opciones? ¿Será que cada gobierno que sube, debe ser malo, para alimentar la mediocridad de un pueblo que a su vez genere malos gobernantes?  ¿Será que los malos pueblos y los malos gobiernos son dos caras de la misma moneda, y se necesitan entre sí para sobrevivir como MALOS al fin y al cabo? El cambio no está en el gobierno, ni en el pueblo, sino en el hombre.  El hombre hace pueblo, y el pueblo hace gobierno.
Otros hablan del sistema, “el sistema”.  El sistema es malo, el sistema lo otro.  ¿Pero quiénes hacen el sistema?...los hombres ¿Y a quiénes victimiza el sistema?...a los hombres. ¿Quiénes mantienen el sistema?...los hombres.  Un sistema siempre produce en función de lo que recibe, es decir, entra basura, sale basura. ¿Quién alimenta al sistema?...los hombres. ¿Quién cambia el sistema?...el hombre.  ¿Quién programó al sistema?...el hombre. ¿Quién supervisa la ejecución del sistema?... el hombre. El único sistema autosuficiente y realmente bueno, lo tiene el hombre a su disposición desde que nace: LA VIDA, por obsequio divino.  Es gratis, pero conlleva una tremenda responsabilidad: VIVIRLO. Y nos hacemos tan infelices, volviéndonos piezas, módulos o subrutinas de malísimos programas hechos por el hombre.  Rechazamos lo bueno que Dios nos REGALÓ, para vivir de lo malo que nos COBRA el hombre (cito los impuestos, por ejemplo)
¿Será entonces que el hombre tiene la culpa de todo lo que le pasa? Pues sí, tristemente sí, y es una óptica que debemos cambiar, porque así como pasa en nuestra vida, que al fin y al cabo somos el producto de nuestras decisiones, pues así mismo nos acontece como sociedad, como  pueblo.   ¡Ojo! No con esto estoy queriendo librar  a los gobiernos y sus acólitos (por no decir serviles) de la responsabilidad en el fallo existencial de sus pueblos.  Pues, dado que ellos alimentan, sostienen y mantienen un sistema nefasto (con autoridades no pocas veces corruptas e inoperantes) son totalmente CULPABLES por igual.  Como la persona que va a un médico queriendo que lo sane, y termina matándolo (recuerdo el término jocoso del matasano) lo que hacen los gobiernos con sus pueblos es inmoral, inhumano y suicida.  Dado que si entre tanta incapacidad y explotación contra nosotros, nos terminan extinguiendo, pues, se extinguen ellos.  La vida política del ser humano, así como la profesional o la social, es una manifestación interna de su ser.  El que se engaña a sí mismo, intentará engañar a todo lo que le rodee y en cualquier ámbito (político, social, religioso etc.) porque internamente sabe que está mal, y trata de amoldar todo alrededor suyo para hacerlo sentir “bueno”.  El que es sincero consigo mismo, tratará de ser sincero con todo lo que le rodee y en cualquier ámbito.  En lo personal, me parece que el mundo se está ahogando en sus propias mentiras, dado que pensamos de una forma, hablamos de otra, sentimos de otra y ACTUAMOS de otra. ¿Acaso eso no es engañarse a sí mismo, o engañar al resto?
Hay que hacer más escuela en Panamá, y a diferentes niveles.  A nuestros niños los llevamos al karate, a nuestras niñas al ballet, nos preocupamos por darles la mejor escuela, los mejores aparatos, instrucción de liderazgo a nuestros jóvenes, que estén al día en la tecnología, en pocas palabras… “que nadie les eche cuento”, pero ¿Acaso les estamos enseñando a escucharse a sí mismos, o al medioambiente que los rodea, a ser personas? ¿O le estamos enseñando a ser masa, que escuchen el televisor, las novelas, la radio, las palabras sucias, el irrespeto, la calle, los juegos, LOS EXTRAÑOS?  Estamos enseñando a nuestros hijos a sentirse extraños en su propio hogar, en su propia casa, para con ellos mismos.  Luego, que no nos sorprenda cuando crecen Y NO LOS CONOCEMOS.  Porque le hemos dado una crianza (no educación) para ser extraños, que al verse al espejo no se vean a ellos mismos, sino a un modelo de televisión, a un ser violento, o a un asco de persona (sin amor propio, ni orgullo)  Luego qué decir de los adolescente, luego de los jóvenes, luego de la persona, luego de la sociedad y luego de un pueblo, un pueblo que efectivamente NO ENTENDEMOS, porque nos resulta “extraño” en su forma de actuar, y es que nosotros mismos la cultivamos así, generación tras generación.  Somos causa y efecto de esta alienación masiva.  ¿Por qué el panameño no hace (HACEMOS) más que quejarse? ¿Pareciera que nos gusta el dolor? ¿O será que hemos dejado de entendernos a nosotros mismos, de uno con uno mismo, y de uno para con el resto de los mortales?
Hay que hacer más escuela, con niños, adolescentes, jóvenes y ADULTOS.   Enseñarles lo que los hogares dejaron de enseñar (respeto, urbanidad, cívica, orgullo, amor propio, tesón, voluntad, carácter, competencia)   Los que a las escuelas ya no les interesa enseñar (¿Cómo pueden enseñar esto, maestros y profesores que no lo recibieron del hogar, porque de hecho jamás tuvieron hogar, aunque hayan tenido casa, buena o mala?)  Dejemos a un lado, un poco, el entrenamiento físico, mental, económico y el espiritual moldeado (ritos impuestos, repetitivos, vacuos y gastados) Hagamos ESCUELAS DE HOMBRES Y MUJERES, no tanto de karate, no tanto de ballet, no tanto empresariales, no tanto de FALSOS LÍDERES, no tanto de conocimiento, no tanto artísticas. Primero hagamos HOMBRES Y MUJERES, y todo lo demás en base a ello, proporcionalmente, en escala: Sociedad, pueblo, gobierno, país, PLANETA.

La idea que vive (3 de Febrero de 2011)

¿Racionalizar un hecho, acaso cambia su naturaleza?  Considerar a Dios un hecho, deshace algunos sistemas de fe, religión o creencia humanos.  Pienso que el mundo completo se ha enredado más de la cuenta, en función de conceptos, métodos, dogmas, creencias, mitos y modelos.  ¿Pero cómo racionalizar algo que es un hecho, aspirando a negarlo o cambiarlo?  Digo yo, si nos acostumbráramos a ver a Dios como un hecho, no tendríamos que inventarle aspecto.  Cito al “aire”, el aire es el aire, lo que respiramos y nos mantiene vivos.  El aire es algo, una cosa, un hecho (podría decirse)  No es una doctrina, no tiene barba, ni precisa de un rito.  El aire es sólo aire.  Independientemente a que lo entendamos, sepamos su constitución y sus efectos, igual lo respiramos y no podemos vivir sin respirarlo. Si cogemos una rabia y no queremos respirarlo, pues…el problema no sería del aire, sino del que muere asfixiado.  Podemos echarle perfume, sumarle otros gases, quizás no tan agradables, pero igual, el aire es aire.  Y Dios es Dios.  Los hechos son, han sido y seguirán siendo hechos, independientemente a que los entendamos o no.  Eso no implica que no existan, o que tengan que existir de acuerdo a nuestro criterio o al criterio de unos cuantos manipuladores de egos inflados.  Dios seguirá siendo Dios, sin importar que no lo entendamos, o tengamos que redefinirlo, o recrearlo a nuestra imagen y semejanza. 
El problema de la interpretación divina no lo ha creado Dios, sino el hombre.  Vuelvo a lo del aire  ¿Sería necesaria una máscara para respirar aire puro? ¿Será acaso que a los vendedores de máscara, filtros y demás, no les resulta conveniente que la persona pueda respirar por sí sola? Por eso han inventado manuales, códigos, instructivos de cómo respirar, y con qué hacerlo, cuál aire y dónde respirarlo.  Dios es una experiencia  de vida, y se manifiesta a cada cual según la naturaleza del afectado.   Se manifiesta en la vida de cada cual como un hecho adaptado a su propia vida, como una guía y como una respuesta que, ocasionalmente podrá leerse como un NO o como un SÍ.  Creo que antes de aspirar a que TODOS podamos “entenderlo” de acuerdo a  una norma o conjunto de ellas, deberíamos enseñarle a las personas a reconocerlo, estando atentos a cada detalle SUYO en nuestra vida.  ¿Pero cómo puede un individuo reconocer a Dios como parte de su vida,  si ni siquiera puede reconocerse a sí mismo en ella?
Para enseñarle a un individuo a reconocerse a sí mismo, implica negarse uno mismo (el instructor) como parte de la instrucción (por lo menos parcialmente) dado que el aprendizaje vendría del interior de cada cual, de cada individuo, es decir, cada persona terminaría siendo el maestro de sí mismo, aprendiendo a escucharse y entenderse a sí mismo (esto es lo único que enseña el maestro, la metodología para que el estudiante aprenda a escucharse y a entenderse a sí mismo)  Pero claro está, que de seguir esta forma de aprendizaje, muchos “maestros” quedarían desempleados, o tendrían que regresar a la escuela de “entenderse uno mismo” antes de intentar enseñar a otros.  Eso es lo que yo denomino aprendizaje libre, o libertad de aprendizaje, la manifestación del libre albedrío  durante el aprendizaje más importante de todos: El espiritual.  Tal vez por eso fallan inclusive nuestros sistemas educativos, por la imposición del conocimiento.  Es decir, el conocimiento debe llegar al estudiante como una revelación, de allí nace la aceptación de la idea, no como imposición sino como aceptación.   El aprendizaje debe ser concebido por el estudiante como un proceso natural, la integración de algo pre-existente (el conocimiento) a su naturaleza humana incompleta.   Es decir, el individuo se completa a sí mismo aprendiendo de sí mismo y de los demás, superación propia en grupo, evolución.
Tal vez por eso varias religiones del mundo, han fracasado en el aspecto espiritual (no en el mental, dado su carácter manipulador) Porque Dios existe y es percibido de una forma diferente por CADA individuo, o cosa existente (sin que esto conlleve la condenación eterna)  Esto implica que no hay fórmula, prescripción o receta mágica para justificarlo, cuantificarlo, entenderlo, crearlo o imponerlo.  Y de haberla, no sería entendible al humano.  Pero algunos humanos, en su afán de entenderlo y cuantificarlo todo, en su afán de negar su propia debilidad, su limitación, humillando, explotando, imponiendo y degradando a todos y todo,  tratan de encontrar una forma estándar, un pensamiento único mediante el cual pueda ejercer alguna forma de poder sobre la idea en sí.  El problema es que esta idea es demasiado grande para ellos, no es manipulable, ni siquiera entendible.  Aún así, constituye un buen pretexto (vehículo)  para algunos malos, de hacerse “grande” entre los “pequeños”.  Esta concepción, yo la denomino “Concepción de el dios mío”.   Con el pretexto de que muchos más “acojan la fe” se crearon modelos impositivos, vacíos y violentos, ritos repetitivos, de espiritualidad comprometida.  Sin embargo, a mí me parece que la fe no es una cosa que se pueda masificar (como quien inscribe adeptos a un partido político) la fe es algo personal.  Así como cada humano posee un espíritu propio, la fe es algo íntimo y propio del individuo. 
La única forma de concebir a Dios completamente, es volvernos uno con SU creación; lo cual sólo ocurre después de que cada cual lo descubra en sí mismo. Dios NO nos creó imperfectos, sino incompletos.  Nos creó así para que forzosamente tuviéramos que sobrevivir y entender (entendernos) en función de uno mismo y a través de otros. Pero nosotros hemos hecho exactamente lo contrario, separarnos aún más de uno mismo, de todos y de Él mismo.  Lo cual nos ha hecho cada vez más imperfectos, incompletos y débiles, aunque se diga y pensemos a la inversa. En consecuencia  ¿Tendrá Dios la culpa de lo que le está ocurriendo al hombre? ¿O, nos los hemos buscado nosotros mismos?  El razonamiento es un vehículo, no así la carretera. ¿De qué nos sirve el vehículo si queremos andar por donde nos viene en gana?  Pero la frustración de algunos, viene cuando se les acaba el camino.  ¿Luego, de qué nos sirve el vehículo?

El ser contrapuesto (2 de Febrero de 2011)

He vivido durante mucho tiempo pensando que mi país está mal, que no avanzamos, siento que estamos estancados, que las personas no evolucionan.  He sufrido la hipocresía de muchas personas, la maledicencia de otras, y la envidia de algunas, poco amor, es cierto, como si el amor fuera una especie de debilidad, de enfermedad o padecimiento.  Entre tanto, me he acostumbrado a observar los progresos mentales, a pesar del estancamiento emotivo y la sordera emocional, como un logro máximo.  Ahora me detengo básicamente en frío, y pregunto ¿En qué hemos avanzado?  ¿Nos ha servido sobreestimar la condición mental del individuo, ignorando el resto de su naturaleza?  Será acaso que esa “carencia” en el ser individual, ha impedido su evolución.  Entonces me dirán que… ¿A qué estancamiento me refiero? Hay rascacielos, túneles submarinos, naves espaciales, armas increíbles y ciencia futurista.  ¿Es esto progreso? ¿De verdad nos sentimos bien en este mundo?  Cuando vemos que nos seguimos matando, que no encontramos la cura para ciertas enfermedades que ya debieron haber sido curadas (según el avance científico- tecnológico) cuando hay personas, muchísimas personas muriendo de hambre en el mundo, la contaminación, el daño planetario, los crímenes desalmados y masivos que siguen habiendo, me pregunto ¿Esto es progreso?
                Viendo lo que ocurre en Egipto, no está muy lejos de lo que ocurre en Panamá, ni de lo que ocurre en todo el mundo.  El hombre abusa del hombre, el hombre abusado se revela, hay guerra y muerte.  La triste historia de la humanidad, repetida milenio tras milenio, país tras país, vida tras vida.  ¿Hemos progresado?  Yo hubiera querido creer que estos problemas sólo eran de Panamá, de Latinoamérica, un “mundo” relativamente joven, inexperto, un país que está encontrando su “realización” un continente “recién descubierto”…pero ¿Egipto?  No se supone que un país como Egipto, tan históricamente importante, cuna de los humanos en muchos aspectos de la vida como especie,  no debiera enfocar sus problemas de otra forma, o peor aún, no se supone que Egipto ya no debiera tener este tipo de problemas.  Analizando fría y en retrospección, a juzgar por su valor histórico, la civilización de Egipto debiera ser una de las más ADELANTAS del mundo, en todos los sentidos de la vida humana.  Ahora se sacude en esto, y me deja ver, que el problema del “estancamiento humano” no es propio de un país, sino de la especie.  Entonces me pregunto ¿Qué está pasando en el mundo? ¿Por qué no estamos aprendiendo de los errores?
                Siento que todo esto está muy vinculado, a la poca importancia que se le ha dado al individuo y su desarrollo personal.  Tal vez hemos querido demasiado otras cosas, tan demasiado que las pusimos por encima de nosotros inclusive.  Todos los días me hago la pregunta de ¿Por qué Dios crearía al hombre, para hacerlo sentir tan infeliz?  ¿O será que, de la forma más estúpida, hemos decidido utilizar el libre albedrío para hacernos infelices los unos a los otros?  Y, desde luego, como clásicos perdedores, echarle la culpa a Dios o al hombre de nuestras propias decisiones, o peor aún, inventar entes abstractos (“La suerte”) para culparlos de nuestras propias elecciones.   La vida no es algo que sea fácil de vivir, pero, la hemos puesto más difícil de la cuenta, humano contra humano.  De igual forma, me niego a creer que Dios haya creado al humano, para que  haga infeliz a su hermano.  La solución más fácil a toda esta marejada mental, es negar la existencia de Dios.  Pero, a mi parecer, esa es otra forma de evadirse, sobre todo cuando el problema es de uno mismo, de nosotros mismos como especie.  Creo que Él nos dio el recurso y la libertad, pero nosotros hicimos mal uso tanto del recurso, como de la libertad.  Es como si alguien nos diera un fósforo para cocinar, y nosotros decidimos incendiar la casa.  Y esa es, precisamente,  la actitud que no termino de comprender: ¿Por qué?  Tal vez sea el hecho de sentirnos mal, cuando sentirse bien tampoco implica rendirse a la propia concupiscencia.  Nos consideramos incapaces de vivir bien, desde el simple hecho de considerarnos imperfectos, con esa visión del humano que rompe con todo lo que tiene alrededor, que lo hace pensar que es ÚNICO, que es INSUPERABLE.  El humano, si se ve aparte de la creación, es débil e imperfecto, pero, si el humano se concibe como parte de la creación se siente perfecto (COMPLETO, no envidia, no resiente, no codicia)  En consecuencia, todo parte de un problema de percepción, de incapacidad a la hora de visualizarse a uno mismo, de segregación, de separación y de negación de la existencia del propio Dios.  Preferimos creer que fuimos creados por un accidente evolutivo, que por la existencia de un Ser superior… ¿Es eso inteligente? ¿Eso es sentirse grande, pensar que se vino de un “accidente” evolutivo?  Tal vez por eso no avanzamos, porque vivimos contrapuestos, es decir, actuamos en oposición al sentido común, la lógica, la ley de vida.  Sentimos algo, pensamos otra cosa, decimos una distinta y actuamos de una forma que, al final de cuentas es totalmente EXTRAÑA tanto para nosotros mismos, como para con el resto de la humanidad.
Es mi humilde parecer, que debemos, tenemos que, aprender a aceptarnos como parte de TODO.  Más que entender, o reconocer, o buscar la “PERFECCIÓN” habremos de RECONOCERLA (no hacerla, porque YA ESTÁ, vivimos en ella) SENTIRLA, viviendo acorde, según la creación y no en contra suyo.
 
Saludos

Vivir para volver a hacerlo (14 Nov 2010)

          ¿Qué es la vida? Mi usuario en el chat de gmail respondería: “Lo que nos deja el tiempo” ¿Pero, qué es la vida? De niño mi vida era jugar, de adolescente y joven mi vida fueron las mujeres, de adulto mi vida es mi familia. De viejo mi vida será ¿Sobrevivir a la edad y las enfermedades? ¿Acaso llegaré a viejo? No puedo decirlo, no tengo forma de saberlo. Lo que sí puedo decir es que jamás me imaginé casi cuarentón y criando hijos, pero en un abrir y cerrar de ojos he quedado siéndolo y haciéndolo. Ahora, no me atrevo a imaginarme criando nietos. Es sabroso ver a los niños crecer, pero cuesta años hacerlo. Son pedazos de la vida de uno que crecen para hacer sus vidas y/o  hacer otras vidas. Aún con la voz de mi esposa regañándolos a cada instante, ellos son algo por lo que daría la vida nuevamente. ¿Pero qué es la vida?

 
            He realizado lo que se espera de toda existencia animal: Nacer, crecer, reproducirse, envejecer y eventualmente tendré que morir. ¿Habrá alguien que pueda hacer algo diferente? Obviando el punto de la reproducción, nadie puede escapar al inicio, ni mucho menos al final del ciclo. Obviando los ideales, la espiritualidad, el intelectualismo, la fuerza, la profesión, los atractivos sexuales, metas y demás, pareciera que la vida sólo es eso: morir. ¿Habrá cielo, infierno o reencarnación? De hecho hay un Dios que nos quiere, pero seremos tan importantes para Él como para no traducir nuestra existencia en una mera certeza de muerte. O tal vez tengamos que redefinir lo que entendemos por “importante”, un poco más allá del egocentrismo y la megalomanía. No lo sé, quizás fijamos nuestras expectativas vitales demasiado alto o demasiado bajo. Cada cual habrá de encontrarle el gusto a su vida como le venga en gana, y de hecho así lo hacemos a diario. 
 
            No existe una fórmula matemática exacta, ni un dogma que nos imponga vivir. Lo hacemos por ímpetu, lo hacemos porque abrimos los ojos cada mañana, lo hacemos para poder soñar mientras dormimos (aunque recordemos nada al despertar) Vivimos para que nuestros hijos sonrían o nos ignoren, nos amen o nos maltraten. Vivimos para lograr unas cosas y fallar otras. Si el día está doblando la noche, y el placer nace a la vuelta del dolor, entonces la vida vendrá después de la muerte, de igual forma a como el latido precede al silencio.