La vida es...

La vida es un regalo divino, no un préstamo humano.

viernes, 27 de enero de 2012

Pobre riqueza humana

Infinidades de veces me he preguntado ¿Qué vuelve adinerados y muy adinerados a ciertos comerciantes? Es algo demasiado sencillo, y resulta increíble pensar que todo este tiempo hemos vivido una variante degenerada de lo referido por Epicuro.  Lo he mencionado antes, y no me canso de repetirlo.  El ser humano que tiene problemas mentales y/o espirituales, trata de satisfacerse por el aspecto físico, la carnalidad y la concupiscencia.  Lo cual implica satisfacer las bajas pasiones y el cuerpo.  Mientras más dolorosa es nuestra herida a nivel abstracto (mente y espíritu) más desenfreno le aplicamos a lo concreto, a lo físico ¿Por qué? Por la universal ley de la compensación (Ver el asunto de la bomba de sodio y potasio, y el proceso de ósmosis celular) porque todo en la naturaleza tiende a un equilibrio.  El desequilibrio convirtiéndose en equilibrio le llamamos vida y el equilibrio convirtiéndose en desequilibrio le llamamos muerte. Aunque suene estúpido, cuando vemos a una persona descompensada, descontrolada, desequilibrada, estamos presenciando una desesperada acción por retomar el equilibrio (o el proceso inverso, al abandonar el equilibrio, se abandona una desequilibrio para encontrar otro equilibrio, en círculo, como ambas partes de un ciclo)  Lo que ocurre es que, enfocamos mal el origen de nuestro dolor, de nuestro vacío, de nuestro fallo e intentamos suplirlo equivocadamente.  ¿Cómo podríamos llenar un hueco mental o espiritual, con objetos materiales?, no hay forma, pero la necesidad de compensar se mantiene.  Y en esa necesidad de compensar, con efecto subsecuente en la búsqueda equivocada, nacen los apegos, las dependencias, los vicios.


Vender cosas enfocadas a los famosos siete pecados capitales envicia más al cliente, lo enferma más, pero proporcionalmente nos enriquece más.  De allí que muchos comerciantes no puedan separarse, librarse del espectro fatal que deja su prosperidad sobre ellos mismos.  Les da ansiedad, dolor de cabeza, intranquilidad, depresión, nerviosismo, histeria, rabia, insomnio, porque reciben sobre ellos todo el mal que les han hecho a los demás enriqueciéndose.   Y lo reciben ellos y sus compinches, precisamente como efecto natural de la misma ley de compensación que los ha ayudado a enriquecerse.  Si das tormento, recibirás tormento en cualquier de sus formas.  La manera más fácil de enriquecerse es explotar algún vicio, dada la oportunidad (oportunidad de tantas aquellas que jamás faltan, porque son propiciadas por esos individuos que jamás faltan en función al desequilibrio y la constante afectación de la ley de compensación)  Quien vende sexo (prostitutas, prostitutos, pornografía, degeneración) se enriquece de los lujuriosos.  Quien vende comida, se enriquece de los gulosos.  


Quien vende inversiones (dinero) se enriquece con los avaros.  Quien vende comodidad, se enriquece de los perezosos.  Quien vende disgustos, se enriquece con los iracundos.  Quien vende belleza, se enriquece con los envidiosos o acomplejados, cobardes y mediocres.   Quien vende poder, se enriquece con los soberbios, acomplejados, golpeados, débiles, miedosos, cobardes, megalómanos, egoístas y egocéntricos.  No hay nada de malo en el sexo, la comida, dinero, comodidad, belleza, e inclusive disgusto o poder.  Incluyo el disgusto y el poder, porque el disgusto puede ser una reacción válida ante algo que nos afecta negativamente (inclusive nuestra supervivencia),  e incluyo el poder porque con poder se resuelven problemas o dificultades individual y masivamente (no así como efecto del sometimiento y/o la explotación)  El problema lo hace el desequilibrio sobre cualquiera de estos rubros, y de dicho desequilibrio nace el enriquecimiento brutal de algunos comerciantes o empresarios.  Eso se llama, lucrar con la desgracia humana y no requiere mayor habilidad intelectual, mental o física, sólo un buen olfato para las debilidades, padecimientos, enfermedades y dolores humanos.  El asunto aquí no se trata del comercio en sí, ni de los productos o servicios en venta, sino de la utilización, manipulación y lucro que se le da a los mismos.


Habría que ver un poco los comerciales: “Tú tienes que tenerlo”, “No te lo puedes perder”, “Llama ya”, “Tú te lo mereces”, esta infinidad de eslogan publicitario que mantienen a la humanidad en un estado constante de ansiedad y desequilibrio, girando a velocidades enormes en la búsqueda de un equilibrio que jamás llegará.  Y jamás llegará porque entre tanto desenfreno, nos OCULTAN o nos ayudan a mantenernos EVADIDOS de la causa original que nos ha llevado a ese desenfreno, a ese desequilibrio.  Porque si pudiéramos ver la causa inicial, dejaríamos de “comprar cosas” y enriquecer al negociante inescrupuloso.  Así que, es conveniente mantener entretenido al cliente, al afectado, que no piense, que no realice ningún tipo de introspección (de allí los eslogan para jamás estar solo, vivir siempre en la masa en el grupo, en la manada donde somos perfectamente manipulables) porque podríamos contemplarnos a nosotros mismos y volvernos independientes de nuestras debilidades y de quien nos suple de placer.  La distracción tiene que ser bastante buena, y el proceso de distraerse bastante emocional (jamás racional)  y muy efímero (rápido, para reforzar la dependencia)


Como dije al inicio de este escrito, la gran mayoría de los problemas humanos son MENTALES y ESPIRITUALES.  En consecuencia, para sanarlos no hay que mirar hacia fuera, hacia los demás, sino hacia dentro, hacia uno mismo.  Para ello requerimos una buena dosis de AMOR hacia uno mismo (de allí que nos mantengan entretenidos con un concepto prostituido y altamente comercializado, sobre un amor ficticio del cual sólo se trata de complacer al otro, sin entenderse primero uno mismo como individuo, y un pánico casi somático a la soledad)  Hay que eliminar el ruido externo,  y aprender a escuchar nuestro sonido interno.  Una vez subsanados aquellos males o vacíos internos, la dependencia, el desequilibrio y la distracción se desharán instantáneamente (aunque nos parezca así, el este proceso no será tan automático porque en el transcurso del saneamiento interior, vamos prescindiendo de las conductas que nos han mantenido enfermos, y por ende, de los medicamentos, remedios o placebos que nos han dado)  Se requiere un poco de valor, temple y coraje para criticarse a uno mismo, muchísimo más del que utilizamos para criticar al resto.  Pero, al final de cuentas, repito, lo que nos dará esa fuerza y ese valor es el AMOR que aprendamos a tenernos a nosotros mismos, de la auto contemplación.   

lunes, 16 de enero de 2012

Cuando nacen los eruditos y mueren los sabios

Yo he tenido una comunicación con Dios, desde que tengo uso de razón, de carácter vital e inmediato (que sepa, no soy esquizofrénico ni nada por el estilo).  No sólo lo he contactado para solicitarle favores, sino también para solicitarle vida, fuerza, de TODO.  Trato de no pedirle dinero ni cosas materiales, como si Dios fuera el genio de la botella, un mandadero, una financiera o algo por el estilo.  No, mi concepto del Creador  trasciende dicha intención.  Tanto así, que de no haber tenido esa comunicación a la que me refiero (su respuesta inmediata) me hubiera ahorcado en la adolescencia, dado que  mi sola mente me abruma y no pocas veces.  Para mí Dios es real, vive hasta en los “NO” que me da la vida.  Lo he sentido vivo y activo tanto en las alegrías, como en pleno dolor.  En lo simple, desde conseguir estacionamiento, hasta en lo crucial (la muerte de seres queridos) 

Ahora bien, tampoco lo concibo como lo plantean las religiones.  Muchas de las cuales han prostituido su concepto.  Desde semejante punto, yo podría parecer ateo.  Existe cierto misticismo a través del cual, uno como humano, puede acceder a Dios.  Sólo es cosa de sentirlo vivo,  muy aparte de la comprobación, el  razonamiento y  la ciencia.  Para mí es difícil hablar de esa forma, porque cada vez que lo hago,  tengo que sustentar lo que digo e inmediatamente ocurre algo que me pone a prueba.  La fe es más personal que la ropa interior de cada individuo.  Aunque uno la lleva puesta, nadie más tiene que conocerla.  Por eso no le predico a nadie, porque es difícil tener fe y aceptar lo innegable, aunque suene demasiado sencillo de hacer.  Yo no creo en letra muerta, ni en oraciones repetitivas, ni en un cuadro o dibujo o imagen.  Pero sí creo que hay algo junto a mí, en todo lo que hago, que siempre me lleva (y siempre me ha llevado) por el mejor de los caminos.  Cuando era muy chico, una vez desperté y vi a un sujeto sentado en el borde de mi cama, envuelto en una túnica blanca, básicamente en posición fetal.  Sentado medía dos metros y medio, aproximadamente. Era enorme, pero no hacía ni decía nada, sólo estaba sentado allí, al lado mío.  Me asusté tanto cuando lo vi, que cerré los ojos y los abrí tres veces, me pellizqué para saber si dormía, e igual continuaba viéndolo.  A la cuarta vez ya no estaba.  De igual forma, aunque parezca tonto o inventado, recuerdo perfectamente una tremenda oscuridad y yo despertando a ella, diciéndome a mí mismo con voz de adulto: “Aquí estás de nuevo, vamos a ver qué hacemos mejor ahora”.  También recuerdo las voces de mis padres, desde la penumbra del vientre de mi madre.  Mi vida ha estado rodeada de tanto misticismo, que negarlo sería tremenda estupidez.  Pero tampoco aseveraría que jamás pudo ser de otra forma.

A mi parecer no todo es carne y sentidos, hay un espíritu y vive sobre la carne, sobre la mente.  Lo digo porque lo he vivido, lo he sentido.  Y esa parte mía es la que toca a Dios, y me hace entender sus respuestas, su silencio, su negación y su Gracia, en todo caso siempre mejor para mi vida.  No es cosa de sacerdotes, monjas, gurús, maestros, predicadores o lo que sea, es cosa de vida, de práctica, de uno mismo.  ¿Podemos entender a Dios?, NO.  Y no es cosa de ignorancia o falta de evolución, o capacidad limitada de razonamiento, es simplemente el HECHO QUE NOS MANTIENE VIVOS.  En alguna parte nuestra lo vivimos, nos integramos a Él.  Pero no podemos comprenderlo, por lo menos no dentro de la abstracción existencial que llamamos individuo o conciencia.  Dios no se entiende conscientemente, sino integralmente, siendo parte de Él.  Dios no se entiende, sólo se siente, se vive.  Nos arrancan de Él cada vez que nacemos, es decir: Morimos al “todo” y nacemos al “algo”.  Pero toda la vida se trata de regresar a Él.  Tal vez esa sea la esencia del conflicto y dolor en la vida humana, rechazar nuestra naturaleza divina, nuestra esencia vital, nuestra parte del todo.   Vivir a Dios, tan sólo se trata de integrarse a su creación, desde una hormiga, pasando por las piedras, plantas, animales, enemigos, seres queridos y resto humano.  Integrándome a él, o tratando de hacerlo en los sueños y en la vigilia mediante el pensamiento.  

El razonamiento es una cuestión meramente humana, no así divina.  La única razón de ser de nuestro razonamiento, es “ser” para integrarnos vital y conscientemente a TODA la creación.  Lo que nosotros llamamos “nuestra realidad”, no es más que la virtualización del TODO (Dios y su Creación) personalizada a nosotros mismos, como protagonistas cada uno de su propia vida.  Esta abstracción de TODO (la creación) y su posterior integración al UNO (nosotros mismos) sólo se logra a través del pensamiento.  Pero la utilizamos exactamente para lo contrario, separarnos de Dios y su creación.  E inclusive, en el intento de “entender a Dios”, menos lo experimentamos, porque más queremos pensarlo y en el evento, menos lo vivimos.  El asunto parece tan simple, como solamente VIVIRLO a través de su Creación, uniéndonos a ella mediante el pensamiento.  Como el lunar que de pronto nos aparece en la mano.  La mano es Dios, nosotros el Lunar.  El lunar puede que no conciba a la mano (como nosotros podríamos no concebir a Dios) porque está INMERSO en ella (porque vivimos inmersos en Él)  Puede que el lunar llegase a “negar” a la mano (como nosotros a Dios) puede que no la vea (como nosotros no vemos a Dios) puede que no la entienda (como nosotros no entendemos a Dios) pero nada de eso cambia el hecho de que el lunar está INMERSO en la mano (y nosotros en Dios)  Sin embargo, si yo tomo una aguja y pincho al Lunar, de seguro que ambos, Lunar y mano (individuo y Dios) lo sentirán.  Dios nos siente, aunque nosotros no lo entendamos, y nosotros podemos vivirlo sin necesidad de entenderlo.  Porque, de una u otra forma, somos parte suya, querámoslo o no.

Dios es tan grande que todas las religiones y el razonamiento humano junto es demasiado pequeño, para si quiera aspirar a entenderlo.  Así que, reducirlo a una dote neuronal sobre nutrida, es minimizarlo a nuestras proporciones.  Ahora, mucho peor resulta negarlo.  ¿Por qué negar lo que no entendemos?  Lo cual no implica que corramos a “creer en la magia y la superchería”.  La magia y la superchería, no son más que vanos y patéticos intentos humanos de  ser como Dios.  Si pudiéramos vivirlo a través de su creación, no necesitaríamos entenderlo o intentar ser como Él, porque sabríamos que definitivamente Él es nosotros, y nosotros somos Él.  Todo eso ocurre por  nuestra incapacidad de vivir a Dios, o de no poder vivir en Él.  En ese momento nacen los eruditos y mueren los sabios.  Así es cómo se enriquecen los falsos profetas, fariseos y brujos, de la frustración humana al tratar de entender, o de ser lo que lo sostiene.  No así de “ser en” lo que lo que lo sostiene, o vivir dentro de lo que lo sostiene.  NO SOMOS Dios, somos parte de Él, y ya con eso es suficiente.  


miércoles, 11 de enero de 2012

El producto más refinado de nuestra evolución


Cuando era adolescente, llegó a mi oído una canción muy pegajosa, había algo en ella que me atraía con mucha fuerza.  A medida que fui madurando, llegué a creer que era el ritmo de la melodía, bastante sencillo, tribal por no decir primitivo, un toco marcial, cuasi fúnebre.  Luego pensé que era la combinación instrumental, una mezcla de cuerdas, percusión básica, sintetizador y la oportuna intervención de quien la canta.  Ahora, de adulto, descubro que hay algo más allá que el ritmo y la musicalización de dicha melodía, que siempre (desde mi adolescencia) me ha llamado poderosamente la atención.  Me refiero A LA LETRA, más específicamente al coro de la canción: Sweeth Dreams del grupo Eurithmics.  El tiempo pasa, y esa canción ha sido catalogada como un clásico moderno de la música.  Combina las tres cosas necesarias para lograr un éxito ancestral: Ritmo, musicalidad y letra.  Pero por qué la letra, porque describe de una manera muy sencilla la complejísima naturaleza del ser humano.

Tan sencillo como esto:
Sweet dreams are made of this
Who am I to disagree?
Travel the world and the seven seas
Everybody's looking for something
Some of them want to use you
Some of them want to get used by you
Some of them want to abuse you
Some of them want to be abused
Traducido a algo así:
Los dulces sueños están hechos de esto (ha de referirse a la vida)
Quién soy yo para estar en desacuerdo.
Yo viajé por el mundo y los siete mares.
Todo el mundo está en busca de algo.
Algunos de ellos quieren usarte.
Algunos de ellos  quieren ser usados por ti.
Algunos de ellos quieren abusarte.
Algunos de ellos quieren ser abusados.

Y esa es toda la conducta natural del ser humano.  Del simple acto de la procreación en adelante, es una simple manifestación de sometimiento.  La hembra es penetrada por el macho y queda fecundada, si el tiempo es apto.  Y así es todo en la vida, hombres sometiendo a hombres, y cuando digo hombres me refiero indistintamente a hombres y mujeres.  Lo vemos inclusive, cuando el espécimen está muy chico, ya fuera en desarrollo, lo que comúnmente llamamos NIÑO. El hombre cuando es niño, suele ser posesivo, egoísta, egocéntrico, con leve tendencia a la violencia. El hombre en época de pubertad, adolescencia y juventud temprana, es bastante cruel para con el prójimo.  Frecuentemente se conforman grupos de segregación, maldades, daño y sometimiento hacia los menos favorecidos.   Estas actitudes deben desaparecer cuando el individuo crece, se hace responsable y crea conciencia como humano.  Sin embargo, eso no ocurre así, dichas malas actitudes se ven frecuentemente fortalecida por  el ambiente que le rodea, el mal proceder de sus padres, maestros, amigos etc. Quitando el lado de la ingenuidad, por inexperiencia de vida, observamos en el humano,  claramente cierta tendencia natural al someter, o a ser sometido.  La única diferencia entre un adulto y un niño, es que el adulto ha vivido mucho más y conoce muchas formas de dañar, someter y destruir a su compañero.  Esto se ve en el ambiente natural del humano, en la convivencia más íntima y personal, se traduce a una forma de imposición.  El ser humano pareciera ser incapaz de concebir placer, o satisfacción, fuera de cualquier forma de maltrato, imposición o sometimiento.  Los maridos quieren someter a las mujeres eventualmente mediante la fuerza, las mujeres intentan someter a los hombres mediantes el arte amatorio.  Los jefes someten a los subalternos y los subalternos someten a sus hijos.  El civil trata de someter al oficial, o el oficial al civil.  El político somete al ciudadano, y el ciudadano eventualmente gusta de ser sometido, hasta que por Democracia, se rotan los papeles y quien somete pasa a ser sometido.  La iglesia, la escuela, los trabajos, todas las instituciones sociales disfrazan de “orden” o disciplina, reglas, a diversos niveles institucionalizados de sometimiento, que mal que bien denominamos sistemas.  Y en resumidas cuentas, entre tanto someter y ser sometido, estos códigos de ética y moralidad, sólo nos permiten “sobrevivirnos” a nosotros mismos, para no terminar matándonos entre nosotros ya fuera por poder, placer, supervivencia o lo que sea, de cualquier forma, como BESTIAS y bárbaros.  Lo que llamamos civilización, no es más que un esquema pausado y rotativo para someter y ser sometido, pero, al final de cuentas siempre ligado al sometimiento.  Podemos disfrazarlo de términos, racionalizar el punto o santificarlo, al final de cuenta seguimos siendo eso.  Como diría la canción:
Sweet dreams are made of this
Who am I to disagree?
Travel the world and the seven seas
Everybody's looking for something
Some of them want to use you
Some of them want to get used by you
Some of them want to abuse you
Some of them want to be abused

Es curioso, pero todas estas formas de sometimiento, pudieran interpretarse como una forma humana de mantener el control sobre lo que le rodea y sobre quienes le rodean.  Actitud por lo demás patética y ridícula, porque el ser humano vive inmerso en un ambiente sobre el cual no tiene control, ni siquiera de la mitad de los acontecimientos que pueden o no afectarle a cada momento.  Sin embargo, también existe la actitud de someter por mero asunto de placer, diversión u orgullo.  Y así como es en el individuo, así mismo ocurre con los pueblos, a nivel interno o externo.  Matándose entre ellos y matando a los demás, o, con la mejor suerte, aguantando el sometimiento o simplemente sometiendo.  ¡Qué triste!, que el ser humano se reduzca a un acto tan bárbaro, de violencia inherente y consecuente. ¿Nos faltará conciencia?...para vivir a la medida de nuestras proporciones, sin necesidad de tomar los derechos de otros, sin necesidad de que alguien venga a someternos, en el más vil intento de someter.  En lo personal, me harta la inconsciencia humana colectiva, y ese bajo nivel de comportarnos como peces o animales irracionales, o desalmados.  Que el pez grande se come al más chico, que el más fuerte somete al débil, etc.  Hemos pasado del sometimiento físico, a muchas otras formas más de sometimiento: Mental, emocional y eventualmente “seudoespirituales”.  Lo que importa es que haya gente a gusto con ser sometida, y otros satisfechos sometiendo.  Y aquel que levante su voz o cambie su actitud en señal de desacuerdo, o simplemente reconozca ya fuere su libre albedrío o el derecho a ser individuo, será brutalmente callado, eliminado o sometido, tanto por los que someten, como por los propios sometidos.

¿Acaso eso es lo máximo a lo que podemos aspirar como especie?, comer, suplir necesidades fisiológicas y someter en cualquiera de sus formas.  ¿Acaso tal será el producto más refinado de nuestra evolución?...No lo creo, el hecho de que seamos incapaces de concebirnos fuera de ello, aparentemente por un desperfecto quizás neuronal, no niega de facto que vivamos inmersos en circunstancias que nos dirigen masivamente hacia la superación como individuo primero, luego como especie.  En consecuencia, algún día veremos y podremos apreciar la grandeza que nos rodea sin necesidad de tener algo o a alguien a qué o a quién pisar.  Ese día seremos libres de amar y de sentirnos amados por los demás, por la creación y por nosotros mismos.  Pero el proceso de topar el amor verdadero, es un acto de introspección y madurez, de concienciación individual tal vez tan doloroso como largo,  que tampoco nos impide morir en el intento.  Es decir, cabe la plena posibilidad de que una vida no nos alcance para la realización personal, sin embargo hay que sufrirla, o mejor dicho: Hay que vivirla.  Y la mejor forma de no desfallecer en el intento, tal vez sea reconociendo que somos mucho menos de lo que creemos ser.  Delegándole dolor y fuerza a la vida misma, saboreando nuestras propias dificultades, amando nuestras virtudes, y, vivir, o mejor dicho, aprender a vivir en la simplicidad de un instante, muriendo al derecho de cada aliento y renaciendo al anverso, o cada mañana, confiándonos a la suerte del ser y del luego no ser hasta el final de los tiempos, los nuestros, los ajenos, los de todos.  Como lo ha querido el Creador, haciendo su Creación perfectamente infinita en lo finito que dura para siempre, porque no hay que entender para disfrutar, ni disfrutar para vivir, así que, qué más da hacerlo… mientras hacerlo nos mantenga vivos.  Cualquier cosa aparte del sufrimiento que no genera, ni da más que dolor, crudo dolor, puro dolor en su concepción misma, tan natural como ninguna otra cosa antes creada, o por crear.  Ese sufrimiento que refuerza también  las ganas de sufrir, tal vez sea natural pero jamás sano.  Someter y sentirse sometido es una actitud tan codependiente como enfermiza, que en cualquier lapso de nuestra vida como individuos o especie…será rota.

miércoles, 22 de junio de 2011

¿Inteligencia, marco o substancia?

Cualquier persona medianamente consciente de su capacidad intelectual, o que haya sido criada bajo el influjo de  un buen hogar,  podría percibir que nuestra sociedad parece estar pasando por un proceso de embrutecimiento severo y crónico.  Asociado a cierta irritabilidad e intolerancia, que nos ha vuelto mucho más violentos y reactivos.  ¿Acaso será un asunto de inteligencia, alguna forma de posesión demoníaca, pérdida de valores o qué?  Definitivamente (como ya lo he mencionado en otros escritos) al demonio  le conviene que la sociedad sea más estúpida y violenta, pero nadie (ni siquiera él mismo) puede forzarnos a tomar tal elección.  Desde luego que al vivir de esta forma, y asociados a mecanismos evasivos (vicios, miedos,  etc.) jamás percibiremos los efectos adversos, mediatos o intangibles (como el empresario que al no ser consciente de una pérdida inmediata, tampoco le interesa  saber cuánto ha dejado de ganar)  En consecuencia, amarga y duele menos  volvernos más estúpidos, evasivos  y violentos, que ser conscientes del proceso autodestructivo que venimos generando.  Al ser consciente y asimilar el dolor que ocasionan los demás (poner la otra mejilla) irremediablemente (directa o indirectamente) terminamos siendo conscientes del dolor que nosotros mismos ocasionamos (la paja en nuestro ojo)  Como consecuencia natural, al asumir el compromiso de dejar de ser y dejar de hacer lo mismo que hemos sido y  hemos hecho durante casi toda la vida, aprendemos a ser tolerantes con nosotros mismos y con el resto  (lo cual no significa “cargar” al prójimo)

Mi formación universitaria incluyó, entre otras tantas materias,  nueve físicas y siete matemáticas.  Me acostumbré a entender al mundo en función de números, letras o fórmulas.  Y llegué a pensar que “inteligente” era aquel que mejor manejaba las fórmulas.  Ahora reconozco que la auténtica inteligencia no es esa, y que a veces “las fórmulas” nos hacen más obtusos.  Eso es apenas el cascarón, como si yo dijera que el cabello es la cabeza, o los lentes mis ojos.  Tal es la razón por la que uno ve cualquier cantidad de personas humildes, sin preparación de ningún tipo,  que pueden considerarse naturalmente SABIOS. Lo que nuestra sociedad consumista y capitalista salvaje llama “inteligencia”, no es más que la substancia encerrada en el frasco (una actividad netamente mental)  Algunos han tenido oportunidad de desarrollarla más, y a ellos se les conoce como “inteligentes”.  Otros han engrosado más el frasco, impidiendo el desarrollo de la substancia, a estos se les conoce como “brutos”.  En esencia, no se trata de que unos sean más o menos inteligentes , sino del aspecto que han desarrollado más: La substancia o el frasco que la contiene. 

Cuando yo me refiero a la verdadera inteligencia, la inteligencia en acción (no la comercializada y prostituida) me refiero al envase y a su contenido.  La inteligencia en acción es un concepto vivo, no letra muerta (libros de matemática, física, química, contabilidad, leyes, deporte, arte o biología) ni experimentos en ambientes controlados (laboratorios) Me refiero a la inteligencia que no puede ser explicada, sólo vivida.  No es una receta universal o estándar, tampoco  es plana sino multidimensional (caótica) y propia a cada individuo (hay una específica para cada ser viviente, es Dios  manifestándose en cada parte de  la creación) La inteligencia de vida es una experiencia personal,  de cambio constante.  No puede transferirse entre individuos,  pero sí puede ser expresada y desarrollada en función de su contenido: substancia y marco (envase)   Actualmente la humanidad se enfoca a que el individuo “aumente la substancia” ignorando el marco de referencia.  Por tal razón, el ser humano no concibe su explotación intelectual completa y verdaderamente, tan sólo y apenas en función a preceptos muertos (bibliografía seca y educación ritual-monolítica)  Así vemos “genios frustrados” en todas las profesiones y lugares del mundo.  Es decir, seres inteligentes estrangulados por el marco referencial de su inteligencia. ¿Luego, qué constituye dicho marco?  La inteligencia en acción, como yo la concibo, es la integración consciente de la capacidad mental del individuo (mente) con su físico y emociones.  La substancia como tal, es únicamente la capacidad mental de cada individuo (sin su físico y sin sus emociones)  En consecuencia, el marco referencial estaría constituido por: cuerpo y emociones.  Yo diría que todos nacemos con igual cantidad de substancia y amplitud de marco (lo cual no implica límite al momento de ampliar las capacidades, tanto en el marco como en la substancia)

Las eventualidades y circunstancias en la vida de cada individuo determinan que tanto crecerá su substancia, o dicho de otro modo, se cerrará su marco.  Cuando hablo de evolución, me refiero a ampliar la inteligencia del individuo y su marco referencial simultáneamente.  Eso se logra alineando la mente del individuo con su emotividad y carnalidad, es decir, creando una persona ÍNTEGRA.  A tal punto,  la espiritualidad se devela y el conocimiento se le fusiona, el individuo se supera a sí mismo reconociendo su propia alma.  Sólo de esta forma el  humano será capaz de percibir la Inteligencia Primaria (Dios) y por Él integrarse naturalmente a la Creación (sin un pensamiento separatista, que genere ruptura con la naturaleza o tecnología de muerte) Hablo más específicamente de un ser infinitamente inteligente, el humano reabsorbido por su creador.


miércoles, 8 de junio de 2011

¿DE DONDE PROVIENE NUESTRA MALDAD?

Ahora me he dado a la labor de analizar la mala substancia a niveles comunes y silvestres.  Es decir, no en los extremos sobre los cuales se vuelve evidente.  No en el drogadicto, ni en el degenerado sexual, ni en ladrón, ni en el asesino.  Pudiéramos pensar que “maldad” involucra a estos tipos de persona exclusivamente.  Lo cierto es que la relación hombre - demonio tiene tantos sabores como años de existir.  Y pude manifestarse en un asesino, como en quien niega la existencia de Dios, como en quien niega la existencia del diablo, en el adinerado, en el pobre, en el erudito y en el ignorante.  Por ejemplo, pudiéramos hablar de maldad humana no sólo en el carterista, sino en el político ladrón. Estamos acostumbrados a pensar que todo lo malo es feo, y lo bonito es bueno. ¿Acaso no hay maldad en algunas cosas bonitas? ¿Acaso no hay maldad en los rascacielos y/o urbanizaciones lujosas, que se construyen próximos a barriadas paupérrimas?   La peor maldad es la que racionalizamos, la que creemos “normal”, que “no existe” (como algunos piensan del diablo) que es producto “del sistema”, “de nuestra alienación social”, “de la suerte”.  Me refiero a la maldad intrínseca, constante, que mata a largo plazo y que no pocas veces está ligada a la desigual supervivencia de los individuos.

Todos practicamos de una forma u otra, en escala proporcional, la pésima distribución de riquezas que ha mal afectado al mundo.  ¿Queremos una casa, o un hogar?  ¿Cuántos carros debe haber en la casa? ¿Cuántos aires acondicionados? ¿Cuántos teléfonos? ¿Cuántas televisiones? ¿Cuántos canales de televisión?  ¿Qué es lo realmente necesario en nuestros hogares, y cuáles son los excesos?  Estos excesos no sólo hacen que otros dejen de tener lo básico, sino que nos mantienen endeudados. ¿Cuánta deuda debe manejar una familia? ¿En qué nos endeudamos? ¿En un carro, o en la educación de nuestros hijos? ¿En la casa, o en pasar mayor tiempo juntos? ¿En las comodidades o en comer mejor? Habría que tener estos conceptos muy claros,  o asumimos el riesgo de esclaviarzarnos a nosotros mismos a través de otros (los que nos sobre-endeudan o nos mantienen sobre-endeudados)  Si usted no tiene bien definido qué es lo que realmente necesita en su vida (prioridades) algún tercero terminará tomando el control de ella (llámese jefe, entidad financiera u otra persona)  Y usted se aferrará a eso de tal forma, que no concebirá su propia existencia sin estarle adherido.  Así nace la nueva esclavitud, que a diferencia de la pasada (física) también tiende a ser emocional, mental y/o económica. Ya no es necesario privar al hombre de su libre albedrío, porque lo cede (o vende) sin mayor complicación.  La clase pobre trata de conseguir lo básico para vivir. La clase media oprime a la baja, y alta abusa de la media y de la baja.  Este esquema piramidal de organización social  (los muchos pobres en la base ancha, la clase media en la mitad y los pocos ricos en la punta) se basa en el sometimiento y la explotación. ¿Será que no podemos hacer algo mejor con nuestro libre albedrío que maltratarnos los unos a los otros, por necesidades básicas o por excesos? ¿Acaso seremos naturalmente MALOS?

Todo lo que hagan los padres antes, durante y después de la concepción de sus descendientes les afectará en debida proporción.  Utilizando la simbología Bíblica, con los hijos de Adán y Eva se definieron los tres tipos de humanidad que existirían hasta el final de los tiempos.  Los mártires, santos, sufridos y brevísimos encarnados en Abel.  Los malditos, malignos, malévolos y eternos encarnados en Caín.  Y el gran resto que trata de ser bueno, encarnados en Set.  Caín fue el primer hijo de Adán y Eva, nacido del adulterio de Eva con la serpiente (Eva no tenía muy clara sus prioridades, y terminó cediéndose a la serpiente) Caín es hijo carnal de Adán y Eva, pero hijo mental de Eva con el demonio.  Cuando Eva fue poseída por Adán durante la concepción de Caín, su mente ya era de la serpiente.  Tal y como muchas adúlteras (de pensamiento) hacen: Entregarse carnalmente a un hombre, mientras mental y emocionalmente son de otro hombre (o entidad, para el caso de Eva)  Posteriormente Caín expondría la mala semilla heredada, al seleccionar mal la ofrenda a Dios (una dote “insuficiente”) y la certificaría asesinando a su hermano por Envidia.  Algo muy similar a lo que Lucifer siente hacia Dios: Envidia (¿Acaso, herencia de su padre mental?)   De cualquier forma, hoy en día siguen y seguirán naciendo nuevas versiones de Caín, siempre que sigamos cediendo nuestro libre albedrío al demonio.  De igual forma continuarán los nacimientos tipo Abel y tipo Set.  De igual forma seguirán habiendo mártires, continuarán los adulterios (de pensamiento, palabra u obra) la envidia, el asesinato, las maldiciones, las bendiciones, la tentación y el traspaso voluntario o forzado de nuestro libre albedrío.  Todo este drama se repetirá hasta que la humanidad rompa su relación psico-emotiva con el demonio, tomando conciencia, control y responsabilidad  de su propia existencia, de su libre albedrío.

Hay cosas a las que cada humano debería tener acceso libre: un buen lugar donde vivir, una buena alimentación, una buena salud, una buena educación y seguridad social.  ¿Por qué hay tanta gente sin techo o muriendo de hambre, mientras unos pocos son excesivamente adinerados y poderosos?  Sucede que los menos están bien y los más están mal. Eso se llama: Terrible distribución de las riquezas, sometimiento y esclavitud. Uno dedica aproximadamente doce horas del día a actividades relacionadas directa o indirectamente al trabajo.  Y aún así existen empresas que atemorizan a sus empleados con el despido, los denigran y ni siquiera pagan las horas extras. ¿Acaso eso no es esclavitud?  El trabajo tal y como lo hemos planteado ¿Dignifica o esclaviza?  ¿Quitando la faena diaria, qué nos queda de vida?... ocho horas durmiendo y dos horas entre alimentación, necesidades fisiológicas y vestimenta.  Vivimos un residuo aproximado de  dos horas al día.  ¿En ese tiempo podemos dedicarle tiempo al hogar y a nosotros mismos si acaso?   ¿Acaso somos realmente conscientes de lo que nos está ocurriendo, o la vida se nos está pasando sin vivirla? ¿Vivimos o sobrevivimos?  Definitivamente, el modelo de supervivencia humano es opresivo, esclavista e inhumano.  Pero lo peor del caso es que ha sido diseñado para pasar desapercibido, volviéndonos víctimas y victimarios simultáneos del mismo.   Con esa actitud no sólo nos hemos destruido los unos a los otros con guerras y hambrunas, sino que también hemos dañado al planeta.  Es definitivo que al condicionar nuestro libre albedrío (físico, mental o emocional) a otro humano o al demonio, nos entregamos a la muerte.


  EL Hombre NO es naturalmente malo, Dios no crea cosas malas.  A mi parecer Dios nos creó incompletos, para llenarnos y fortalecernos con Él mismo, su creación, los unos a los otros como especie (“Amaos los unos a los otros”)  En lugar de eso, hemos hecho exactamente lo contrario: Creernos autosuficientes (alimentando un ego desproporcionado) volviéndonos dependientes de nuestras propias debilidades, odiar al hermano y destruir la creación divina.  Hay que crear consciencia y responsabilidad sobre nosotros mismos, nuestras virtudes y debilidades.  El diablo, utilizando nuestras debilidades, crea ruido (MIEDO, dinero,  trabajo, estatus, objetos materiales, “sapiencia”, orgullo, moda, poder, control) a nuestro alrededor para mantenernos evadidos de nosotros mismos (Alienados)  El libre albedrío nos fue dado para elegir AVANZAR o elegir no hacerlo... En cierta forma, cada uno de nosotros constituye el dios o demonio de su propia existencia, porque Dios lo quiso así.  Lo cual no implica que Dios no exista, ni que el diablo tampoco, ni mucho menos que el diablo pueda ponerse en la balanza con Dios, o que ambos sean la misma cosa o igualmente poderosos.  El diablo es un parásito sumamente contagioso, que se adhiere a nosotros a través de las  debilidades y el EGO.  Nosotros lo pasamos de generación en generación, como se pasa el ya mencionado “pecado original” (lo que le pasó el diablo a Eva, Eva a Caín y Caín a Abel: Muerte)  Sin embargo, haciendo uso adecuado del libre albedrío, podemos liberarnos a nosotros mismos a través de Dios y su creación. La única forma de romper este comensalismo con el demonio, es que destruyamos nuestras debilidades (defectos o como se le quiera llamar), para lo cual es preciso ESTAR CONSCIENTE DE UNO MISMO, ejerciendo y siendo responsable de nuestro libre albedrío  espiritual, físico, mental y emocional.

lunes, 6 de junio de 2011

¿Un problema de Fe o de incapacidad?

Siempre me he preguntado, por qué hay individuos que basan su seguridad personal en otros individuos y no en Dios o en todos los demás (la especie) Durante mucho consideré esto una forma de debilidad, ahora lo considero un padecimiento pandémico o genético.  Así como nacen sujetos con huesos débiles… ¿Podrán nacer sujetos con carácter débil? También creía que el asunto de la inseguridad era algo de inmadurez, que con los años se borraba del individuo.  Pero sigo viendo casos terriblemente patéticos de inseguridad, en todas las edades, sexos, profesiones, credos etc.  He descubierto que el inseguro no es necesariamente aquel individuo temeroso de la vida, cohibido, asustadizo que no se atreve a hablar ni a manifestarse en diversos acontecimientos.  He visto sujetos violentos, groseros, prepotentes y hablantines que son terriblemente inseguros.  Personas que esconden su inseguridad detrás de la violencia, la grosería, la prepotencia, la locuacidad y peor aún: El dinero (adictos al trabajo o a tener dinero)  
Yo creo que Dios nos creó a todos los humanos del mismo “barro”.  En consecuencia, no debería haber hombres superiores a otros, no habría hombres más débiles  o más fuertes.  Aunque de hecho físicamente los hay, existen individuos más fuertes que otros. Entonces ¿Acaso habrá individuos intelectual y emocionalmente más débiles que otros? ¿Será que si bien todos fuimos hechos del mismo barro, la mezcla no cuajó igual en cada uno de nosotros?  Tal vez yo no tenga la verdad absoluta,  pero bien puedo pensar y opinar al respecto.  Me parece que si un individuo nace débil, debe fortalecerse física, mental o emocionalmente.  Es decir, el problema no lo constituyen las diferencias con que nacemos, sino lo que hagamos con ellas.  Si yo nací débil, y en  lugar de fortalecerme, lo único que hago es acomplejarme más o pegarme a alguien “fuerte”… pues, seguiré siendo igualmente débil o peor aún, atrofiado.  
Me parece que la actitud ideal sería fortalecerse uno mismo, no menospreciarnos a nosotros mismos en función del resto, o buscar personas (aduladores o retadores) o cosas (dinero, ropa, alabanzas) que nos hagan sentir  “fuertes”.  El asunto aquí es SERLO no SENTIRLO.  El que se siente fuerte tiene necesidad de demostrar su fortaleza y constantemente retarla (compulsión obsesiva) tanto así que “ser fuerte” se le convierte en una especie de estilo de vida.  El que es fuerte sólo lo es, para él la fuerza no es una forma de ser, ni un estilo de vida, para él la fuerza es su vida.  Es parte de su naturaleza, como quien respira, como el corazón que late, la fuerza está en él y él está en la fuerza.  
¿No sería mejor basar nuestra seguridad individual en Dios y en la especie humana, que en individuos determinados?  Diría que la fuerza humana (como el resto de las cosas, incluyendo la debilidad por fortalecer) la da Dios a través de nuestro interior.  Uno como individuo debe buscar en su interior dónde falla, dónde es débil, dónde es corruptible y dónde es fuerte, para lo cual es justo y necesario dejar de mirarnos en función de otros y aprender a vernos tal y como somos realmente.  De hecho, identificar nuestras debilidades es un deber inherente a la superación personal y a la vida de cada persona, así como también el reto y la disposición a superarnos.  Pero  la fortaleza en sí, viene de Dios.  Claro que, a todo aquel que tenga problemas de EGO  le costará adaptarse al esquema de “solicitar” ayuda, peor aún, tratándose de una entidad que no ve. De allí surge mis próximas preguntas: ¿Será confianza excesiva en nuestro raciocinio, o temor absoluto? ¿Qué tan hábiles somos, al intentar ver a través de la nada, un poco más allá de nuestros cinco sentidos, por encima de nuestra sensualidad, concupiscencia o temores? En dado caso, la inseguridad no vendría a ser un problema de fe, sino de incapacidad.

El desequilibrio… ¿Ser uno, o ser especie?

¿Qué tanto debe interesarnos la opinión de los demás?  Tal vez yo sea algo más egoísta que el común de las personas, pero siempre me ha importado muy poco lo que los demás piensen con relación a mi persona (siempre y cuando no dañe a nadie con mi actitud)  Me importa mucho más molestar a alguien, causar un conflicto innecesario o peor aún, lastimar a alguien que no lo merezca.  Digo  “a alguien que no lo merezca” porque obviamente estoy demasiado lejos de la máxima cristiana de “ofrecer la otra mejilla”.  Tengo que ser honesto, me preocupa muy poco si los demás guardan algún tipo de dolor, encono, rabia o resentimiento hacia mi persona (reitero, que no haya generado intencionalmente)  No limito mis acciones al sentimiento de terceros, a menos que se trate de algún familiar cercano, amigo o conocido importante en mi vida.  Frecuentemente encuentro personas que me tuercen los ojos, hacen lo posible por “ignorarme”, tratan de afectarme en acción u omisión haciendo notar (por todos los medios) su encono hacia mi persona.  Si ellos supieran lo poco que me importa su estado anímico, tal vez dejarían de perder el tiempo en “berrinches”.  
Yo trato de ir por la vida sin incomodar a nadie, pero cuando descubro que estoy haciendo algo “fuera de la regla”, trato de corregir por cuenta propia (sin acción de un superior) para “regresar y mantenerme en mi espacio”.  Pero de ocurrir lo contrario, que estando yo en “mi espacio” llegase otro  a retar mi paciencia, REACCIONARÍA.  Supongo que sería mucho más fácil vivir en una isla, lejos de la humanidad restante (los que no me son afines o allegados) pero eso es imposible.  Y estoy seguro de que ni aún así, me libraría de los conflictos.  Si tan sólo pudiéramos vivir dentro de nuestros límites, preocupados por el bien general, pienso que individualmente nos volveríamos mejores seres.  Es decir, sin intentar ser “el genio” “el más fuerte” “el más valiente” “el héroe” “el anormal” “el superdotado” “el santo” “el maldito” y así.  Pienso que la vida sería mucho mejor si, humildemente todos ocupáramos el lugar que nos ha tocado vivir, no deseando (ni sintiéndonos) ser más o ser menos por ello.  

Hacer especie es un trabajo en conjunto, y pienso que se viviría mejor si cada hombre aceptara con humildad, que es otro animal sobre la faz de la tierra… no el mejor, ni el menos importante. Si todos viviéramos por igual, pienso que no hubiera necesidad de mártires, ni de sádicos, ni de reyes, ni de pobres, pienso que sólo seríamos humanos, simplemente humanos. ¿Es muy difícil aceptar la simplicidad de la vida? ¿Es muy difícil renunciar a los protagonismos, para que cada uno actúe la escena que humildemente le ha tocado vivir?    

Hay personas que tienen el umbral de tolerancia y la autoestima muy averiada, y lo peor es que tampoco son conscientes de ello.  ¿Hasta cuándo vamos a vivir supeditados a la reacción emotiva de los demás? ¿Hasta cuándo vamos a vivir supeditados a la aprobación o desaprobación de la familia, los amigos, moda, enemigos o desconocidos? Si quitáramos “el razonamiento” al cerebro humano, como especie seríamos menos eficientes que las hormigas y las abejas.  Pero, si fuéramos igual de eficientes, con un cerebro pensante, pues… como especie seríamos verdaderamente especiales.  Especie especial, así como suena (no un grupo de personas especiales, como actualmente nos hemos planteado)  Sin embargo, hemos preferido limitarnos como especie, para “adormecernos”  en el  individualismo.  Los egos demasiado GRANDES están matando de hambre a una parte de la población, están asesinando a otra, y mantienen esclavizada a otra (con préstamos y falsas expectativas de vida)  Los egos demasiado pequeños refuerzan a los egos demasiado grandes, y así se repite la dramática cadena del pez grande comiéndose al pez pequeño.  

Tal vez esté pecando de indiferente, con esa actitud de “siempre que mi indiferencia no dañe a nadie…”.  ¿Pero por qué hay personas que se resienten en silencio? ¿Será por la misma razón por la cual a mí no me interesa saber si se han resentido?  Estoy aprendiendo a ser cada vez más consciente de mis acciones, lo cual no implica andar pendiente de todos los resentidos.  Que se resientan no es mi problema, o ¿Tal vez sí? ¿Debería andar por allí preguntándole a cada uno si está de “buenas o malas” conmigo?  Ahora bien, ¿Es muy difícil pedirles a las personas que se deshagan de todas las emociones (positivas o negativas) que las atan a alguien, y se dediquen a hacer lo que les toca a cada momento en función de la especie (del humano en general)?  Si tal vez fuéramos (me incluyo) un poco más consciente de lo que hacemos, cuándo lo hacemos, cómo lo hacemos, dónde, para qué, para quiénes y por qué lo hacemos…no tendríamos que preguntarnos: ¿Por qué hay tanta gente resentida, o exageradamente feliz en la vida?   Para la gran mayoría de nosotros,  esto nos resulta más que imposible porque hemos crecido bajo la óptica individualista.  Sin embargo, al poner en riesgo el planeta (tal y como está ocurriendo) vamos a tener que dejar el individualismo y empezar a pensar en función de especie.

 Nos hemos acostumbrado a vivir en un mundo de extremos, en el cual la paz no tiene cabida, el equilibrio es considerado un acto de mediocridad, y los extremos son idolatrados.  Extremos al beber, extremos al fornicar (se admira al más promiscuo) extremos al trabajar (se admira al vago, o al súper eficiente, no al constante, ni al que hace su trabajo bien y sin extralimitaciones)  Digo esto porque cada vez que alguien da “la milla extra” hay uno u otros que hicieron nada, y uno u otros haciéndose excesivamente ricos tras bastidores.  Sin contar la posible existencia de una sufrida familia, con papá y/o mamá secuestrados por el trabajo.  Hemos creado un mundo en el que los papás se siguen ausentando de casa, esta vez no por irresponsables, sino por excesivamente responsables.  Todo esto sin considerar la cantidad de fármacos y químicos que hemos puesto a circular en nuestra vegetación, en nuestra comida y nuestra sangre.  Vivimos en un planeta sobre estimulado, en una tierra desequilibrada.  Lo cual se puede apreciar fácilmente en la pésima distribución de las riquezas (refrendados por el capitalismo, y más aún el capitalismo salvaje)  Lo vemos en los canales de televisión, mientras unos hablan de terribles matanzas o desastres, otros hablan de frivolidad y banalidades. Lo vemos en el mismo noticiero, pasando de una noticia trágica a otra vacua.  Lo vemos en aquellos que piensan que algunos nacieron con más derecho que otros, y justifican la desproporción, sin entender que la desproporción rompe con el equilibrio natural, y atenta contra la vida de la especie (inclusive la de ellos mismos)  

Definitivamente que para EVITAR ENTENDER, concebir y reconocer que vivimos desequilibrados, hemos creado todo un CULTO al desenfreno, vinculándonos románticamente a los extremos.  La cultura del todo o nada, la cultura de lo radical, de lo súbito, de lo inminente, de la impaciencia, del cero error, de la calidad total, de la globalización.  Y tenemos que vivir sobre estimulados, ¿Sobredosificados? Vivimos en el borde, cada vez más rápido, cada vez más acelerados y SUFRIDOS.  El sufrimiento que genera este estilo de vida no es más que: CULPA, porque en el fondo sabemos que vivimos en desequilibrio.  En el fondo sabemos que el día que no podamos “equilibrarnos en el extremo” la sociedad nos echará a un lado como seres despreciables (aquí es donde vuelve el asunto del “ser aprobado por otros”)  

Los extremos en la vida humana, debieran existir a manera de guía, de orientación, de marco para ayudarnos a percibir naturalmente la media (la justa medida) en cualquier acción.  La media es no tener más, ni tener menos, sólo lo justo y necesario, rechazando el extra que seguramente les falte a otros.  ¿Cuántas personas habrá en el mundo con teléfonos inteligentes y sin alimentos?  Desde luego, un teléfono es imprescindible para mantenerse comunicado pero… ¿Es más importante mantenerse comunicado que comer?  Luego, para mantenerme comunicado no preciso de un teléfono inteligente, a lo sumo un teléfono público cerca (que funcione y usuarios conscientes) y una moneda.  O un teléfono fijo, o un teléfono celular barato.  Parece que hubiera una inversión de valores generalizada, parece que la humanidad se hubiera olvidado de ser humano para autodestruirse.  

                Sí, debo prestar mayor atención a esas personas que se disgustan (o se enamoran) solas.  Y ellas deben buscar la forma de dejar de buscar en otros, lo que no han encontrado en sí mismas y en Dios, mediante berrinches, ira o demostraciones excesivas de cariño.  Tal vez todo se trate de aprender a vivir más humildemente, pero más consciente de uno mismo, de Dios, de lo demás, de los demás y del tiempo que nos haya tocado vivir a cada instante.  Entendiendo por instante, la fracción de vida que separa al ser de lo que será, y lo que separa al ser de lo que fue.  Es decir, Dios en movimiento.